jueves, 15 de enero de 2009

FEMME FATALE A LAS ONCE

Al mirar la fotografía trato de adquirir sus rasgos, la indiferencia que muestra ante el excesivo pavoneo de cuantos le rodean.
¿Será que debo mostrarme bohemia ante el mundo y al fin exponer mis ideas como si nadie las supiera ya?
La observo y voy directamente a sus ojos, que no sé qué miran, quizás buscando algo que nadie podría encontrar, aquello que, beso tras beso, ha ido persiguiendo pero cuya estela ya ha perdido.
Y de sus ojos los míos caen hacia sus labios, posiblemente carmesí, y en el cigarrillo pendiendo de su boca, como si no reparara en ello.
Y de nuevo a sus ojs. Sus ojos y esa mirada cautivadora y enigmática. Imagino su andar cadencioso y ágil, su belleza de femme fatale de la que ella misma no se da a veces cuenta, y ese halo de misterio que la rodea.

...

Yo misma iría ahora a través de la foto y me ofrecería a prenderle el cigarro y señalarle el camino si toma mi mano.

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