miércoles, 17 de junio de 2009

DE ANDENES Y ESPERAS


No te adentras en las arenas de mis playas, quizás temiendo hundirte en el abismo de mi locura; y huyes de los árboles que roncos brillan en mis pupilas.
Quiero salir hoy bajo la lluvia a dnazarle al viento y que tú bailes conmigo, y volver a un portal empapados, rezumando fuego en los dedos, y dejar de sentirme por adentrarme en tus labios.
Pero tú miras mi boca, observas y te marchas. "Es muy guapa tu amiga". "Es muy guapo tu amigo". "Qué bonita está hoy la noche"
...
Minucias. Discusiones sin contorno. Preferirás la lluvia antes que arriesgarte a traspasar mis puertas.
Y bajo la Luna que me observa pienso un "puestútelopierdes" que se desvanece en cuanto asoma el primer cristal clavado en la memoria.
"Puestútelopierdespuestútelopierdespues...tú...te...lo-o..."
Volviendo a casa. Sola. Una simple niña, tan pequeña como un grano de arroz, se desmenuza por las calles. Un par de silbidos a sus espaldas y proposiciones indecentes a altas horas.
Sola, la diminuta niña se lamenta no haber dado el paso, caerse en tus labios y esperar a que tú la rescates.
Las manos en los bolsillos. Las zapatillas caladas. Llanto en el alma. Las alas ocultas. Esperando, siempre esperando a que te ofrezcas a acompañarla y, como a Caronte, pagarte de alguna forma, el viaje, las molestias y la compañía.

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